dimanche 19 décembre 2010

10.

    Cuando Brunette estaba confundida, todas esas veces que no sabía lo que sentía, le pedía que la mirara, que la mirara fijamente. Así, en los ojos de él podía ver si sus propias esperanzas se estaban cayendo a pedazos, o si su mente quería sentir una alegría que no se podía permitir. Esos ojos eran su espejo. Pero cuando al mirarla, enarcaba una ceja, ya sabían bien los dos que eso era un misterio, de esos que no se resuelven y el tiempo se lleva a la tumba. Los misterios de Brunnete...




















    Empieza a caer la lluvia, pero ella quiere sentir. Sentir las gotas fugitivas recorrer su espalda, sentir un delicioso temblor, sentir miedo, ansiedad, emoción, que pasen de un mero pensamiento, se capaz de odiar o de querer de una puta vez. Pero ella no es más que otro de los gatos de la ciudad. Y los gatos no saben querer, solo restregarse contra los ladrillos de un edificio manchado por el humo, maullar a la luna, y perseguir peces invisibles en las luces de los charcos.
    Sigue lloviendo. Suspira resignada. La lluvia tampoco ha funcionado, ni el invierno, ni el viento al correr, ni las luces de navidad, ni las canciones de Edith Piaf. "Abrázame fuerte", piensa, y siente el abrazo de todas las almas que estan tan perdidas como la suya. Y entre tanto abrazo no distingue el único real, que le conduce de vuelta a casa.



















(¿cuantos peces comepoesías creeis que hay?)

















2 commentaires:

Dicen que el frío a nadie deja indiferente...